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Palabra más, palabra menos, todos concordamos en buscar bienestar para nuestras vidas. Aun a quienes les gusta el jaleo, a quienes buscan problemas, a quienes revuelven desconsuelos, los guía la búsqueda del bienestar que sucederá a estas tempestades.

Avanzando, en el imaginario colectivo está resuelto qué es el bienestar: bien estar es estar bien.

Deslizamiento de tales cavilaciones, el paso siguiente para estar bien, es no estar mal y para ello se huye ante contratiempos y dificultades.

Pero pendientes las necesidades, por más que se postergue, se aplace o se demore su respuesta, las urgencias volverán.

Este blog trae situaciones de la vida que reflejan cuentas saldadas, cuentas a saldar. Un paso para conseguir otro equilibrio. Ya, aquí y ahora. Otro bienestar es posible.

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jueves, 22 de enero de 2015

Acerca del otro en Comunicación

de
http://comunicamedia.blogspot.com.ar/

viernes, 14 de marzo de 2008


Artículo: “El otro” en la Comunicación

Por: Mtro. Víctor Manuel Hernández Fierro

“El sujeto que habla no sitúa el mundo en relación consigo mismo, no se sitúa pura y simplemente en el seno de su propio espectáculo, como el artista, sino en relación con el otro”. [1]
Lévinas fortalece la idea de que al momento de expresar un mensaje, debemos pensar en nuestro receptor, a quién nos estamos dirigiendo, el emisor no es autónomo, pues la producción de sus mensajes está siempre supeditada a su receptor.
Los hablantes de una lengua han interiorizado un conjunto de reglas que les permiten emitir enunciados que presentan una estructura gramatical y que son semánticamente aceptables para los demás hablantes de la misma lengua, igualmente, pueden distinguir estos enunciados de los que no están bien construidos desde el punto de vista gramatical o que no son aceptados significativamente. Una narración cualquiera o una conversación están formadas por un encadenamiento, no puede producirse de una manera absolutamente libre, sino que tiene que obedecer a un conjunto de reglas y propiedades.


Las narraciones escritas o las conversaciones de la vida cotidiana presentan características que las hacen comprensibles para el lector y para los hablantes. Existen elementos y propiedades como la claridad, coherencia y orden que van generando lentamente la coherencia término técnico que sirve para designar el fenómeno que supone que la correcta interpretación semántica de un enunciado no solo depende de él, sino también depende de la interpretación de los anteriores.
Roland Barthes define la lengua como un “corpus de prescripciones y hábitos, común a todos los escritores de una época, lo que equivale a decir que la lengua es como una naturaleza que se desliza enteramente a través de la palabra del escritor”.[2] Partiendo de esta reflexión, podríamos afirmar que el escribir en la misma época histórica supondría similitud en los escritos entre una y otra persona, sin embargo, se involucra el estilo que el mismo Barthes categoriza como “un secreto”, dado que lo concibe como “un producto natural de la persona biológica”[3].
Si observamos a nuestro alrededor, veremos que aún entre las personas que hablan un mismo idioma, no todas lo hablan, ni lo escriben de la misma manera, encontramos que dentro del mismo idioma, existen diferentes lenguajes: Uno es el que hablan las personas cultas, y por eso se le conoce con el nombre de lenguaje culto; otro es el que hablan los profesionistas entre sí, y se conoce con el nombre de lenguaje técnico o científico; otro es el que se usa en poesía, por eso se le llama lenguaje poético; existen también palabras que se usan dentro del hogar y que forman el lenguaje familiar; por último, existe un lenguaje que usan las personas sin educación y sin cultura, que forman lo que se conoce con el nombre de vulgo, y a ese lenguaje se le da el nombre de lenguaje vulgar.

Esta diversidad de tipos de lenguaje propicia la proliferación de estilos, maneras muy personales de ver y entender la realidad del ser humano.
“Lengua y estilo son fuerzas ciegas; la escritura es un acto de solidaridad histórica”.[4] Esta afirmación de Barthes coincide con la visión del lingüista más famoso de los tiempos modernos, Ferdinand de Saussure, quien define a la lengua “como un sistema en el que todas las partes pueden y deben considerarse en su solidaridad sincrónica”.[5]
La lengua es un sistema que no conoce más que su propio y peculiar orden.
Algo en lo que coinciden los escritores de una misma época, es que aún con estilos diferentes, narran una misma realidad, desde sus muy particulares apreciaciones.
“El lenguaje nunca es inocente,”
[6] a partir de que el emisor decide comunicar su pensamiento, se estructura la intención, es decir, el porqué de ese mensaje. Esta intención despoja al lenguaje de su inocencia, pues cada palabra elegida para formar nuestro mensaje está envuelto en significados intencionales. Su utilización se sujeta a los caprichos del emisor, quién crea expresiones que sirven de espejo o velo a su pensamiento, pues una palabra puede ser pura y correcta, pero puede estar mal aplicada para significar lo que queremos.[1] Emmanuel Lévinas, “Fuera del sujeto”, p. 162[2] Roland Barthes,” “El grado cero de la escritura” La obra no contenía número de página[3] Ídem.[4] Ídem.[5] Copias de Ferdinand de Saussure., no se contaba con los datos de la obra[6] Ídem
Víctor Manuel Hernández Fierro, profesor de la Universidad de Occidente, en la licenciatura de Comunicación, así como catedrático en la Maestría en Administración con especialidad en Mercadotecnia, Maestro en Ciencias por la Universidad Iberoamericana, especialista en el área de la publicidad, Comunicación Organizacional, Recursos Humanos y capacitación.

Ha desempeñado diversas actividades en el área académica como capacitador, expositor en diversos cursos, seminarios, talleres, foros entre otros.

Actualmente tiene la responsabilidad de coordinar el programa de gestión y vinculación integral en el cual se manejan las actividades de: Vinculación empresarial, Vinculación estudiantil, Bolsa de trabajo y seguimiento de egresados.

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